martes, 6 de abril de 2010

ACEPTAR LO QUE CADA UNO TIENE


En este bosque tan especial, todos los animales competían entre ellos por sus territorios, por los alimentos y por las habilidades que cada uno podía desarrollar. Una tarde, mientras merendaban, el lobo y el zorro se pusieron a conversar sobre el brillo de sus pelajes. Como la charla se había transformado en discusión, a don Puma se le ocurrió una idea fantástica. Les comentó que en el medio del bosque había una laguna con brillantes aguas rejuvenecedoras. ¡Dónde? ¿Cómo llego hasta ahí?- preguntó el lobo.
¡No seas así! ¡Vamos juntos! dijo el zorro, algo alterado.
¡Bueno! ¡Bueno! Intervino el Puma-, si me dejan, les explico.
Y después de garabatear en la tierra les indicó.
-Salen de acá, van 2 Km. hacia el norte, giran hacia el sur. Crucen el puente de piedra y... ¡allí está la laguna! ¡Gracias, genio! contestaron a dúo el lobo y e zorro.
Al otro día desde muy temprano, emprendieron la caminata.
¡Nunca encontraron la laguna! ¡Nunca cruzaron el puente de piedra!
Cuando se dieron cuenta, habían regresado al punto de partida.
¡Todos los animales se les reían! ¡Estaban tan sucios! ¡Sus opacos pelajes estaban llenos de nudos y barro! ¡Nunca se habían visto tan mal!
Don Puma les preparó un baño de agua tibia mientras ellos, coloradísimos de la vergüenza, prometieron no volver a despreciar lo que la NATURALEZA LES HABÍA REGALADO.

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